lunes, 3 de enero de 2011

De mi puño y letra #1

Ya os he dicho en repetidas ocasiones que me gusta mucho escribir. Es algo que realmente necesito para poder sentirme bien conmigo mismo. De hecho, si no escribo, siento como si estuviera haciendo algo mal o, en su defecto, como si me faltara algo.
Este año me he propuesto escribir más y mejor, desarrollar algunas ideas que tengo en la cabeza para -intentar- convertirlas en algo parecido a un libro y, además, no abandonar mi faceta poética. Y me gustaría también compartir algunos textos, poemas o relatos con vosotros, aquí, en mi blog, el lugar idóneo para hacerlo. Sé que no es un blor personal, aunque sí literario, y es por eso que creo que no está fuera de lugar dejaros de vez en cuando algo escrito por mí.

En esta ocasión os dejo un pequeño párrafo que escribí en mitad de una clase de Norma y uso de la lengua española -¿a que suena genial el nombre de la asignatura?-. Y nada más, a ver qué pensáis de él ;)



Como el ayer. Como cuando veíamos juntos amanecer. Como todos aquellos otros momentos en que nada era más importante que el simple roce de nuestra piel, infiel a los mandatos de lo correcto. No hay un solo recuerdo concreto que escogería. No hay una única sonrisa que enmarcar en mi propia historia. No hay nada que impere sobre algo. Aquí vale todo: cada segundo, cada mirada, cada latido de nuestros corazones formaba parte de nuestro cuento, nuestro secreto.


Y no me arrepiento; lo haría una y mil veces más, sin dudar, sin tener en cuenta cualquier riesgo. No, no lo siento. Era como una ruleta de luz y tormento, como un tranvía cargado de emociones, sentimientos. O, al menos, así fue durante un tiempo, lejano, infinito, grandioso, que se pasea como un fantasma por los restos de lo que fue mi vida; que va y viene, sin preguntar, a plena voluntad. Dulce y doloroso, cercano y a años luz, casi demoledor, aunque agradecido.


Y es que no hubo nada mejor que aquel tiempo, lleno de luces y sombras, de espectros. ¿Si fui el hombre más feliz durante aquellos días? No lo niego, si bien no es del todo cierto. Desgraciado y pletórico de alegría, fui eso. Borracho de ti, adicto a tus besos, acostumbrado a tus desprecios. Quizá suene contradictorio, pero en el fondo te echo de menos... Te encuentro en cada calle, en cada rincón de este desierto. Te veo en todas partes, te recuerdo incluso sin quererlo.


No había mejor droga que tú, pero ya no te tengo. Dime por qué, entonces, sigo siendo un pobre enfermo; por qué ni el tiempo ha servido como mi última solución, mi último remedio.

4 comentarios:

¿Te ha gustado? ¿No? Opina, sugiere, quéjate, hechízanos tú también. Pero siempre desde el respeto y la educación. ¡Esperamos tu opinión! ^^

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