sábado, 17 de julio de 2010

Cuando éramos unos niños... (1)

¡Hola hechiceros! Hoy me ha dado por escribir esta nueva ¿sección? Os explico de qué va todo esto. Hace unos días estaba desempolvando algunos cajones, en los que guardo libros, dibujos y demás que tienen ya unos años. Claro, me puso muy nostálgico xD Pero se me ocurrió hacer esta sección que, con suerte, pase de un solo post y quede en el olvido. En el primer 'Cuando éramos unos niños... ' quiero enseñaros un poema-relato que escribí cuando empezaba en el mundo de la poesía. No os esperéis gran cosa porque, como ya he dicho, se trata de publicar cosas que tienen unos años y, cuando se está empezando, es díficil hacer grandes maravillas. El poema es ¿mitológico? Os lo dejo aquí y vosotros llegáis a las conclusiones que queráis ;) Por favor, no os encarnicéis. Ya sabéis, tan solo era un niño...

Ahí estaba el, atormentado, contemplando el descenso de su amada a los infiernos;
frotándose los ojos, gritando, creyendo
que todo era un sueño.
Laila había sido condenada, alejada de Caio y arrastrada a la prisión del silencio...


Laila y Caio eran amantes, pasajeros del tren del deseo,
apasionados, hiptonizados, portadores del amor verdadero.
Todo era perfecto, hasta que se acercaron los Días Negros.

La guerra entre dos pueblos provocó que Caio fuera llamado
para entrar en el ejército.
Él no era soldado, no era experto en el combate cuerpo a cuerpo;
estaba destinado a morir en el intento y, con él,
aquel amor desaparecería
como polvo en una ráfaga de viento.
No. Tenían que huir, escapar de ese terrible destino.
Así, Laila y Caio inicaron un viaje por montañas, ríos y pueblos.

Llegaron al final y comenzaron su nueva vida, hasta que un día la muerte llamó a sus puertas;
un enviado de los dioses reclamaba su vuelta.
Ellos se negaron, y Laila fue raptada y condenada,
enviada al infierno,
desde donde vería morir a cada uno de sus familiares,

a Caio incluyendo.

Pero no, él no podía permitir eso.
Inició conversaciones con ambos pueblos,
tenía que detener la guerra y así el sufrimiento.
Y lo consiguió, llegó a un acuerdo, acabó con la rivalidad entre esas dos culturas,

enemigas durante tanto tiempo.

Los dioses, enfurecidos, tomaron una decisión:

liberaron a Laila y la reunieron con Caio;

del árbol de la pena arrancaron el último fruto y a los amantes se lo entregaron.

Tenían que elegir quién debía morir,
quién iba a comer el fruto envenenado.

Y lo hicieron.

Comieron ambos del fruto y murieron en un fatídico último encuentro.

Cuando las familias fueron a recoger los cuerpos,

cogieron también la semilla de aquel fruto,
y lo plantaron
en un hermoso huerto.
Al día siguiente, un árbol alto y fuerte se alzaba
ante la mirada
atónita de la gente.
De él colgaban dos frutos, símbolo de aquel amor imposible,
señal de que no murió aquel mal día,
cuando las almas de Laila y Caio abandonaron sus cuerpos,
fundiéndose en un abrazo eterno.

Obviad las incongruencias, las contradicciones (si las hay... ), los versos taaaan libres y, en general, quedáos con aquel niño que escribió eso, por simple amor al arte ;)

¡Un saludo, hechiceros!

1 comentario:

  1. O_O

    Menudo talento, me imagino que ahora debes ser todo un crack de la poesía. Si vieras lo que yo escribía de pequeño, te mueres de risa xD

    Un abrazooo!

    PD: La sección me parece muy original, ojalá continúe ;)

    -Da-

    ResponderEliminar

¿Te ha gustado? ¿No? Opina, sugiere, quéjate, hechízanos tú también. Pero siempre desde el respeto y la educación. ¡Esperamos tu opinión! ^^

Related Posts with Thumbnails
 

  ©Hechizos de libros plantilla y gráficos hechos por Kanon, 2010

Back to TOP