Búscame y te encontrarás.
Francesc Miralles es uno de los autores de juvenil más prolíferos de España, y como opinión personal, uno de los mejores. Son numerosas las ocasiones en las que me he dejado llevar por sus letras, que el autor dota de un estilo muy personal. Además, Miralles también se caracteriza por ser original e innovador en sus novelas; las series Retrum y Oblivion dan buena cuenta de ello. El cuaderno de Aroha reúne todos los aspectos que acabo de destacar, y se alza como una pequeña joya a tener en cuenta dentro de la vasta bibliografía del autor.
AROHA significa «amor» en maorí, la lengua de los nativos de Nueva Zelanda. AROHA es también una palabra japonesa que, entre otras cosas, significa «Te quiero». Pero si lees AROHA al revés, descubrirás otro significado igual de importante que completa el anterior: AHORA.
Josan es un chico de 17 años que no está pasando por un buen momento personal, y que se ve obligado a pasar dos semanas de vacaciones en un hotel con su abuelo, al que difícilmente soporta. Sin embargo, su estancia en el hotel se pone de lo más interesante cuando el joven encuentra el cuaderno olvidado de una chica llamada Aroha. En él, la misteriosa chica intercala sus vivencias en ese mismo hotel con pensamientos y reflexiones existenciales que calan hondo en el joven Josan, quien a medida que lee el diario se da cuenta de que se ha enamorado de Aroha y debe hacer todo lo posible por buscarla... para así encontrarse a sí mismo.
Me ha gustado especialmente el tono casi filosófico de la novela, de la que podría destacar pasajes que son una auténtica maravilla. Hay un capítulo en concreto que he leído y releído de lo fabuloso que es, y no es otro que Carta blanca para vivir. También me han gustado mucho las continuas referencias a obras y películas, sobre todo porque las conocía casi todas de primera mano.
El cuaderno de Aroha es una novela tan cortita que prefiero no decir nada más de ella, ya que corro el riesgo de ponerme a hablar de aspectos más concretos de la novela, y no quiero soltar nada que no deba. En definitiva, Miralles me ha vuelto a conquistar con otra de sus obras, de la que guardaré un recuerdo muy especial; y, seguramente, releeré en un futuro no muy lejano, ya que su lectura no lleva más de tres horas.

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